EN IRLANDA DEL NORTE

The Open día 1: JB Holmes líder, Jon Rahm y Sergio García a dos golpes

Jon Rahm comenzó muy bien en el Abierto Británico. (Foto.: @TheOpen)
Jon Rahm comenzó muy bien en el Abierto Británico. (Foto.: @TheOpen)
Rahm lideró la clasificación parte de la tarde y junto a García, ambos conservan todas las posibilidades de triunfar en el Abierto Británico con mayor asistencia en su 148ª edición: 237.000 espectadores.
Había cesado la lluvia. En los días anteriores parecía como si Atlántico y firmamento hubiesen firmado una alianza para arruinar The Open Championship. Justo ahora, este año, en su regreso a Irlanda del Norte, que no está en la selecta y corta lista de rotación de lugares donde se juega.

De hecho, la última vez que vieron aquí el Abierto Británico de Golf fue en 1951. Desde entonces ya ha llovido. Y como muestra de botón de lluvia la caída en los días de entrenamiento.

Pero como digo, ahora había cesado de llover. O más bien el cielo hizo un guiño en ese sentido, pues a intervalos irregulares las nubes atlánticas lloraban a chorros. Luego se secaban los ojos y el viento las llevaba lejos para que el sol calentara a jugadores, caddies, oficiales y público. Luego los volvería a mojar. Y otra vez a secar.

Pero ningún fenómeno ha conseguido echar del campo a los entusiastas aficionados. Es natural: el golf es pasión. Y es economía: desde agosto del año pasado estaban vendidas las entradas que han llegado a dar una asistencia récord de 237.000 espectadores.

Esta 148ª edición del British tenía alicientes, como ver en  vivo  los jugadores nativos de la isla: Shane Lowry, James Sugrue, Padraig Harrington, Darren Clarke, Graeme McDowell y, por supuesto, a Rory McIlroy. Este último – la esperanza pecosa – ha defraudado y de lo lindo a la parroquia con su resultado de +8.

Pero la otra esperanza internacional, Tiger Woods fue la verdadera imagen del cercano Dunluce Castle. Sobre un promontorio en la orilla del mar, entre el pueblo de Portballintrae y la ciudad de Portrush, en el condado de Antrim donde se juega el Open fue construido el castillo alrededor del año 1300 por Richard de Burgh, el Conde Rojo de Ulster.

La mole estaba conectada al continente sólo por un puente de piedra. Debajo de la roca del castillo, una cueva atraviesa desde el mar hasta el lado de tierra.

Bueno, pues hoy, como el juego de Tiger Wood, el castillo es una ruina a causa de los males que sobre él se abatieron. Una nave de la Armada Española chocó contra la parte abierta al mar haciendo caer parte del muro. En la década de 1630, el castillo era propiedad de Randal MacDonnell, primer conde de Antrim.

Cuando en 1634 el ala de la cocina se derrumbó y cayó al mar, su esposa inglesa Catherine Manners se negó a vivir en el castillo por más tiempo. A ver… hoy la cocina - pensaría la dama -, mañana el vestidor, el mes que viene la biblioteca o el dormitorio. Así que el bueno del conde de Randall se metió en mudanzas dejando a su suerte la fortaleza, que era más bien debilidad.

Mirar ahora el castillo y ver el juego de Tiger Woods en la primera jornada de The Open era una misma visión del deterioro. La ventaja del americano es que el tiene los medios para salir adelante. Posee además la ventaja de que no le acompaña una Catherine que le diga “o el golf o yo”, frase y dilema que han arruinado el juego y el matrimonio de más de uno.

El que fuera número uno del mundo no hizo un birdie hasta el hoyo 15, pero acompañado de seis bogeys y un doble bogey. Triste, su cara lo decía todo. Y  su tarjeta lo plasmaba en cifras: +7, su segunda peor vuelta en un major.

Claro que ha habido tarjetas peores, ruina llama a ruina, como la del muy veterano David Duval con +20, que incluía catorce golpes en el hoyo 7. Hay días que uno no debería acercarse a la costa, que diría la condesa Catherine, tras ver absorbida por el oleaje atlántico su vajilla de los domingos.

Al terminar la jornada entre lluvia y sol, resplandecía la cara de JB Holmes que era líder con -5 superando por un golpe al que hasta su llegada era líder del turno de la mañana en Casa Club, Shane Lowry con -4.

Y líder podría haber sido con toda facilidad Jon Rahm. Lo tuvo a mano. Lo fue durante mucho tiempo del turno vespertino. Después de los nueve primeros hoyos el vasco llevaba cinco birdies y cuatro pares.  No sé si el fantasma del primer conde del Ulster había sentido envidia de tanta fortuna y armado de la crueldad del impío Conde Rojo decidió desbaratar el swing de Jon Rahm, pero el caso es que los bogeys de los hoyos 11, 15 y 18 tienen difícil explicación científica.

O no. Viento más cansancio más presión han hecho lo que las tormentas – lluvia, galerna y frio -  sobre las cosechas de esta Irlanda del Norte que debe querer abrazar tiempos de paz y buena amistad.

Quedan tres jornadas para que el noble deporte ponga las metas y escriba los guiones. No tendrían porque ser escenas de bellaquería y violencia como las de Juego de Tronos, algunas de la cuales, por cierto, fueron rodadas en este Dunluce Castle, mejorando su aspecto con efectos especiales, para que fuera el castillo de los Greyjoy in Pyke de la ficción.

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