DETERMINACIÓN ERA LA CLAVE

Russell Henley gana el Shell Houston Open con un juego comprometido

Russell Henley celebra su victoria en el Shell Houston Open. (Foto: PGATour)
Russell Henley celebra su victoria en el Shell Houston Open. (Foto: PGATour)
Se ha visto también este fin de semana el buen estado del juego de Rickie Fowler y de Jon Rahm; el español logra otro Top 10 en el mes en que el golf tiene una de sus cumbres de la temporada.
Para la jornada final del Shell Houston Open, y en previsión de las inclemencias del cielo, el director del torneo adelantó las horas de salida y agrupó a los jugadores en partidos de tres.

También dio salidas consecutivas por el tee del hoyo 1 y del hoyo 10. Con ello consigue reducir la cantidad de horas con jugadores en el campo y, por tanto, también reduce el tiempo de exposición de cada jugador al riesgo de lluvia.

Una primera observación de lo ocurrido es que no se evitó que se mojaran. No sé si la lluvia corrió más o si las previsiones eran erróneas. Estos chicos de la PGA son diana segura del dios de la lluvia que parece buscarles allá donde asientan sus reales.

Otra cuestión observada y que debe analizarse es que de los 50 profesionales que hicieron bajo par en el día 25 habían salido por el hoyo 1 y 25 por el hoyo 10: la mitad exacta. Eso es atinar y llenarse de argumentos la dirección del torneo sobre la equidad de la medida.

Y por último, antes de entrar en materia con los que luchaban por el triunfo, damos un sonoro aplauso a Jon Rahm (-9). El jugador español ha hecho una gran Shell Houston Open y tras entregar en el último día una tarjeta de 67 golpes vuelve a figurar en otro Top 10.

Está jugando un gran golf, inteligente y consistente. Si este torneo era para prepararse para el Masters de Augusta, no cabe duda que Jon Rahm está preparado. No hablo de que gane, eso ni me lo imagino, pero sí puede terminar entre los mejores.

Y ¿qué pasó en los puestos de cabeza del torneo? Pasó que Rickie Fowler (-16) pinchó nada más empezar: doble bogey en el hoyo 2 y bogey en el hoyo 4. Y ese lastre sólo disminuyó un poco con el birdie del hoyo 8. Pero el de Murrieta (California) no es de los que se rinde, y con birdies en los hoyos 12, 13, 15 y 17 dio una lección de pundonor: -2 en el día.

Pero quiero fijarme en que, más allá de ese resultado final que le aupó a la tercera posición, su posición mental lo equipa para discutir a partir del jueves el Masters de Augusta a los favoritos.

Pero, efectivamente, las posibilidades de victoria en Houston quedaron pronto reducidas a dos jugadores: Sung Hang y Russell Henley. Si el coreano había partido líder con una ventaja de cuatro golpes y un buen golf, enseguida se vio que en la cumbre no basta ir primero y tener un buen golf: hay que jugar extraordinariamente. No era la última una jornada para encefalogramas planos. Determinación era la clave. Decisión era el código. Pero Sung Hang jugó desconectado de esas frecuencias.

El polo opuesto era Russell Henley que asumió un papel lleno de riesgos. Por eso hizo doble bogey en el hoyo 9 y bogey en el 18. Pero precisamente por eso, porque quería la victoria más que nadie, mejor que nadie hizo un total de 10 birdies. En los últimos nueve hoyos encadenó tres de ellos, para despegarse de sus oponente. Ya líder en el hoyo 13 puso la directa y acabó con una tarjeta de 65 golpes para un total que igualaba el récord del torneo.

Russell Henley gana con éste su tercer torneo de PGA Tour; los dos anteriores son el Sony Open de Hawai en 2013 y el Honda Classic en 2014. Ahora coge el último billete que quedaba para viajar a Augusta. Y se lo ha merecido por su plan de juego y por la ejecución del mismo.

Houston aloja el Centro Espacial de la NASA y por ello es conocida desde 1967 como Space City. Pues de este lugar sale lanzado Russell Henley para el primer el emblemático grande en Georgia donde empezó todo para él.

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