MISTERIO EN SHANGHAI

Rory McIlroy gana el WGC HSBC Championship en el desempate

Rory McIlroy celebra su triunfo en Shanghai. (Foto: @EuropeanTour)
Rory McIlroy celebra su triunfo en Shanghai. (Foto: @EuropeanTour)
Desplegó el norirlandés un juego luminoso, que en ocasiones parecía difícil de mantener por los golpes geniales de Xander Schauffele. Llegó a obligarle en el último hoyo a jugar el play off.
El partido estelar fue agonía. Era la ronda final del WGC HSBC Championship. Cierto que hubo dos jugadores con mejor resultado en la jornada: Tyrrell Hatton y Yosuke Asaji lograron arrebatarle siete golpes al campo. Pero, sin animo de molestar, no contaban para la pelea: el inglés, no obstante ese resultado del domingo acabó decimocuarto y el japonés trigésimo octavo. El pasado (jueves, viernes y sábado) sí importa.

Sólo los tres del partido estelar – Rory McIlroy, Xander Schauffele y Luis Oosthuizen – habían hecho en los cuatro días resultados inferiores a 70 golpes. El golf es paradójico también en esto: lo inferior es superior.

Esto lo convierte en enigmático, misterioso. Hemos llegado a tal grado de falta sofisticación que el misterio, lo indescifrable se nos ha llenado de atractivo. ¿O fue así desde el principio?
Posiblemente esto último.

La vida imita al golf. Y en  la vida nos atraen las cosas que escapan a nuestro completo dominio. Amamos el misterio. Por necesidad, porque tenemos que llegar a parecer mejores ante nosotros mismos resolviendo nuestras propias oscuridades. El límite nos impone. Y nos imponemos al límite en la vida y en golf como consecuencia de un espíritu deportivo.

Louis Oosthuizen lo entendió a la perfección. Partiendo a cuatro golpes del líder McIlroy sabía que tenía que salir fuerte para meter algo de presión tanto a él como Xander Schauffele que le sacaba dos golpes. Así que partió como una moto: nada más salir hizo birdie a los hoyos 1 y 2 en el que sus oponentes hacían par.

Pero la moto se gripó o la puesta a punto no era suficiente ante semejantes rivales: el sudafricano hizo un bogey en el hoyo 8 y de nuevo birdie en el 9 lo que dejaba en 34 golpes el resultado de los primeros 9 hoyos;  pero es que Schauffele hacía 32 golpes, aumentado a cuatro la diferencia. Y Rory con 33 golpes le ponía las cosas “color-cardo-haba”, que dice un amigo del golf; vamos, que lo de difícil era una verdad como un templo.

Nada es imposible hasta que deja de ser posible. Pero sí era improbable porque ni McIlroy ni Schauffele dieron muestras de debilidad o señales de estar temerosos. Más bien al contrario, entre el norirlandés y el americano se había establecido un pacto no escrito de que el torneo de Sheshan se lo iban a jugar entre ellos dos. Y así fue.

En el hoyo 10 la diferencia era de un solo golpe. Una cadena pares en los tres hoyos siguiente mantenía la tensión. En el hoyo 14 hizo birdie Rory retornando a la diferencia inicial. Pero en el hoyo siguiente lo hizo el sudafricano. El empate llegó en el último hoyo,  una par 5. Xander Schauffele puso toda la carne en el asador, mientras que Rory no lograba sino el par.

¡Qué difícil es ganar! Habían estado jugando ambos un golf de muchos quilates. Los ataques del americano ni intimidaron a Rory que hizo golpes extraordinarios de approach. Además en un día en que los putts entraban. Todo emoción.

Y con esos sentimientos volvieron al tee de salida del hoyo 18 a jugar el desempate. La entrada en el green de la bola de McIlroy con su segundo golpe fue recibida con el entusiasmo que suelen exhibir en estos casos los chinos. Schauffele no pudo hacer nada más que un par. Le bastaron al europeo dos putts para alzarse con la copa del Campeonato Mundial HSBC.

Ahí acababa el misterio de Shanghai. China es país grande y de enigmas. Y en la recta final de la temporada al Circuito Europeo le quedan tres países para resolver el misterio de quién ganará la Race to Dubái: Turquía, Sudáfrica y el propio Dubái.

Para ayudar a esclarecerlo Rory McIlroy dio este domingo sus propias pistas. “Nada hay en la vida tan bello, tan grato y tan grande como las cosas misteriosas” opinaba Chateaubriand. No sé si eso es exagerado pero en la caja negra de Dubái se esconde dinero, fama y orgullo deportivo.

De momento Rory McIlroy ha dado una gran paso para colarse en el puesto quinto, con 12 apariciones (las mismas que Jon Rahm que va segundo). El norirlandés alcanza la primera plaza en la FedEx Cup ya que las Copas del Mundo son torneos valederos para ambos circuitos, americano y europeo.

Nos queda en el European Tour un mes emocionante. Si alguien piensa que la cegadora luminosidad del juego desplegado por McIlroy es suficiente podría recordar las palabras de A. Palacio Valdés: “cuanta más luz más misterio”.

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