VEDADO AUNQUE NO GUSTE

Pros y contras de las medidas para proteger a nuestras poblaciones piscícolas

Debemos urgir a la administración a que tome medidas para proteger a nuestros peces y que perviva la pesca deportiva, con su clara importancia para la economía de muchas zonas rurales.
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Las poblaciones de peces autóctonos en España no viven su mejor momento. Esto no es nuevo, pero lo cierto es que año tras año la situación empeora y sólo de forma coyuntural en algunas regiones o ríos se mantiene de forma temporal, para por cualquier circunstancia volver a empeorar. Con todo ello, administración y pescadores toman distintas medidas para poder paliar este impacto, algunas gustan más y otras menos, al igual que su éxito es cuestionado.

La Rioja, por ejemplo, se ha apuntado a prohibir la pesca con muerte de la trucha y reducir el cupo de capturas. La medida no es arbitraria. Se toma porque el censo de ejemplares realizado en los ríos riojanos han reflejado mínimos históricos desde que se comprueba la densidad de peces. A pesar de ello, algunos pescadores han creado una asociación para oponerse al fin del uso de anzuelos con muerto, incluso argumentando que estos no hacen daño al pez, cuando cientos de estudios atestiguan la mayor mortandad del pez que devuelve al río tras ser capturado con anzuelo con muerte (por ejemplo, los ejemplares pequeños).
 
La polémica está servida, pero lo que tenemos que exigir es que la administración tome medidas para proteger a nuestros peces y que perviva la pesca deportiva, con su clara importancia para la economía de muchas zonas rurales.
 
Limitar la pesca tradicional y el anzuelado con muerte
 
Castilla y León, la comunidad autónoma con más kilómetros de ríos trucheros de España tomó una medida drástica que revolucionó las medidas de restricción de la pesca de la trucha, prohibir como uso general la pesca con muerte. Aunque se han creado zonas especiales donde se puede seguir pescando a la manera tradicional (los AREC), las críticas se han aplacado muy poco.
 
Eso sí, ha logrado que sea una de las medidas para proteger a nuestros peces que más rápidamente se ha extendido, a comunidades como Madrid o ahora La Rioja. ¿Resultados? Tendremos que esperar años para evaluarlos, pero desde luego, el retorno de más ejemplares adultos siempre ayuda a posteriores alevinajes de ejemplares autóctonos. 
 
Vedado, aunque no guste, es muy necesario
 
La veda o prohibición de pesca es una medida muy clásica, pero siempre necesaria. Tradicionalmente se hacía sólo en los tramos altos de los ríos, zonas de crías o con poco agua, que en verano facilitaba mucho su pesca, o en tramos degradados, como por ejemplo afectados por episodios de contaminación.
 
Ahora se extiende a otros tramos medios en los que las poblaciones de trucha se han degradado hasta puntos que no permiten ninguna presión de pescadores. Aquí la crítica está en si la veda es sólo temporal o se hace definitiva alargándola muchos años. Este es el mayor problema. Que las administraciones opten, muy correctamente, por vedar un tramo pero que no tomen medidas para su regeneración, se paren en eso.
 
Esto ha ocurrido con el precioso río Arenillas, afluente del Alberche en su tramo alto por Gredos. Su veda, por descenso de población unido a que sus frezaderos se llenaron de arena traída de los tramos altos tras los terribles incendios que sufrió la zona era necesaria. Pero si esperamos que la trucha se regenere por si sola, los tiempos pueden alargarse enormemente. Es necesario que a una veda le acompañe repoblación de ejemplares autóctonos y otras medidas de regeneración de su cauce.
 
Repoblaciones sólo autóctonas y ejemplares alevines
 
Y desgraciadamente, porque las poblaciones no pueden regenerarse de forma natural, se necesita repoblar, pero no de cualquier manera. Dejemos la suelta de ejemplares adultos para tramos intensivos y repoblemos con alevines de trucha autóctona, que aprenda y se comporte como trucha salvaje para el resto de los ríos.
 
La suelta de trucha adulta solo consigue ser alimento de cormoranes y por supuesto que sea pescada con enorme facilidad por los pescadores que acudan los días posteriores al cisternazo, como ocurre desgraciadamente en el río Lozoya, el mejor río truchero de Madrid. Por ello, las comunidades autónomas deben invertir en centros de cría de ejemplares autóctonos previamente capturados con pesca eléctrica en el mismo río y hacer sueltas periódicas de alevines que se adapten de forma natural a su entorno. Y si es necesario, vedar, limitar cupos y formas de pesca. Proteger a nuestros peces es la única forma de proteger nuestra afición. 

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