AHORA O NUNCA

Patrick Cantlay arrebata el Memorial a un Martin Kaymer que lo rozó

Patrick Cantlay ganó The Memorial. (Foto: @PGATour)
Patrick Cantlay ganó The Memorial. (Foto: @PGATour)
La última jornada del torneo de Jack Nicklaus desveló que la victoria en Muirfield Village es de una dificultad relevante. Ahí estuvieron dos con posibilidades hasta que llegaron los hoyos de la verdad.
Cuando Martin Kaymer, jugando el partido estelar, terminaba el hoyo 1 de la ronda final había catorce jugadores en el top 10. Hay que destacar dos fenómenos en este hecho. De una parte los nombres tan importantes en ese grupo. De otra la propia presencia del alemán liderando una prueba, en este caso el Memorial Tournament, en la última ronda.

Sobre los notables de lo alto de la tabla bastaría leer sus nombre para saber que ahí había clase: Adam Scott, Tiger Woods, Jordan Spieth, Hideki Matsuyama, Billy Horschel o Mark Leishman. Todos son ganadores de PGA, aunque uno sólo, Tiger Woods la hecho más de una vez, concretamente cinco.

Tener a estos campeones como invitados en Muirfield Village Golf Club debe ser un orgullo para el anfitrión, Jack Nicklaus. Pero también vale la recíproca: es un orgullo pertenecer al selecto grupo de 120 jugadores de invitados a este singular torneo, nacido para honrar a los vivos y difuntos que dedicaron sus mejores esfuerzos al golf.

En cuanto al golfista alemán déjenme que les cuente cuál ha sido hoy mi fuente de inspiración. Me ha inspirado Roland Garros. Estaba viendo por televisión el partido entre Rafa Nadal y Juan Ignacio Londero. En un momento en que el meritorio jugador argentino ponía más pasión que acierto ante las acometidas del manacorí, el comentarista, en este caso Alex Corretja, se ha acordado de una frase de una conocida canción de Bon Jovi.

.- En este instante Landero debe estar diciéndose “it’s now or never” – vino a decir el experto.
Es ahora o nunca.

Ahora que me acompañan las fuerzas. Ahora que estoy bien metido en la faena. Ahora, cuando todo parece que puede cambiar. Ahora, finalmente, cuando puedo y quiero.

O nunca, porque si no tuerzo las cosas la fuerza del destino me despedazará. O nunca, porque no volveré a tener la energía necesaria para un combate semejante. O nunca, pues quien sabe si habrá un después, un “la próxima vez”.

Martín Kaymer lleva años sin estar en el partido estelar la última jornada. No gana un torneo en el PGA Tour desde 2014; y en el European Tour desde 2011. Las cosas no terminan ahí: en lo que va de la temporada 2018/2019 no ha terminado ni un torneo entre los diez mejores, salvo su reciente octavo puesto en el Betfred British Masters.

La sequía se prolonga en el juego de este golfista que metió el putt que daba la victoria al Equipo Europeo en la mítica jornada del Milagro de Medinah. Corría el año 2012.

He ahí el motivo de que en esta tarde de junio pareciese que en Dublín de Ohio los gorriones cantaban a Bon Jovi y su “It’s now or never” con l convicción con la que los ciudadanos de Liverpool entonaban su “You’ll never walk alone”.

Sí, este domingo era de “ahora o nunca, o como diría en perfecto alemán el propio Martin: “Jetzt oder nie”.

Pasado el primer tercio del recorrido la ventaja de Martin Kaymer era de cuatro golpes sobre Patrick Cantlay y Adam Scott. Era buenos augurios, las sensaciones y hasta el lenguaje del alemán. Sin embargo las espadas estarían en alto y desenfundadas durante un largo trecho. Rendirse no era una opción.

Efectivamente, aquella confortable distancia de cuatro golpes ya era sólo de uno cuando el europeo terminó los nueve primeros hoyos con un bogey y Patrick Cantlay hacía en esa parte del recorrido cinco birdies, tres de ellos en los hoyo 7, 8 y 9.

La emoción estaba servida. Era la segunda parte. Ahí se jugaba todo. La pasión era el primer plato, el acierto la guarnición de todo; y de postre, postre sólo para uno. ¿Para quién?

Enseguida se empató en cabeza porque mientras Martin Kaymer no cogía calles Patrick Cantlay conseguía un nuevo birdie en el hoyo 11.

Martin Kaymer reside en Mettmann, en Renania del Norte-Westfalia. Del mismo estado federado era Konrad Adenauer, prudente cimiento intelectual de la unión europea. Tenía una frase el Canciller alemán perfectamente aplicable a la política como al golf: “todos vivimos bajo el mismo cielo, pero ninguno tiene el mismo horizonte”.

El horizonte de golfista alemán se había nublado. Pero hay quien sabe manejarse entre turbulencias y dificultades. Incluso a veces es una necesidad para algunos cerebros. Eran días para estos espíritus. Tenso es el juego, tensa la vida cuando las opciones disminuyen mientras crecen los dilemas.

Eran días, era este día para darlo todo. También la cabeza fría. Y eso no estaba en el cuerpo de Kaymer en lo segundos nueve. Dos bogeys seguidos – hoyos 12 y 13 – descargaron los rayos y truenos de una antigua desesperanza.

A esas alturas no sabíamos si había aparecido el “nunca” para Martin Kaymer, pero seguro que no apareció el “ahora”.
El torneo fue para un Patrick Cantlay que hizo -8 en la jornada y – 19 en el total. Y lo fue porque su horizonte tenía de nacimiento el color azul de la victoria celeste.

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