NADA ES RUTINA

Partido estelar, Sergio García (-16) y Henrik Stenson (-13) en el Omega Dubai Desert Classic

Sergio García supo estar en los detalles. (Foto: @EuropeanTour)
Sergio García supo estar en los detalles. (Foto: @EuropeanTour)
El español no ha perdido la cabeza en ningún sentido: ni en el de liderazgo, que detenta desde la primera jornada, ni en el de la sensatez, conservando la serenidad para aguantar luchando arriba.
“Tómate en serio cada detalle, ya que no sabemos qué hace que unos libros sean mejores que otros”; esta es un cita de Robert Gottlieb que aparece en su libro Avid Reader, escrito a los 85 años. El que llegó a ser director de The New Yorker y el editor más importante en Estados Unidos se esforzaba en que lo que saliera al público no tuviera defectos.

En un artículo en el ABC Cultural de este sábado, Jaime G. Mora nos lo confirma con estas otras palabras de Gottlieb: “Con Le Carré podía estar 25 minutos discutiendo cada punto y coma, porque cada punto y como era cuestión de vida o muerte”.

Ya los lectores de este blog sabían que la vida imita al golf.

Ahora confirmamos además que publicar libros es tan del detalle como jugar al golf con éxito: que el golpe de driver desvíe la bola un milésima de grado en el tee de salida, supone – es experiencia contrastada – varios metros fuera del fairway cuando la bola aterriza. Podemos, pues, decir remedando a Bob Gottlieb: “tómate en serio cada detalle, ya que no sabemos qué hace que unos golpes sean mejores que otros”.

Muchas veces nos consolamos de un mal resultado con el tópico “¡Qué mala suerte!”. Tengo un amigo haciendo la lista de frases que nos decimos los jugadores cuando fallamos un golpe: “¡mala pata!”; “no, hombre no: si tú  sabes”; “el viento me la ha empujado fuera de la calle”; “este green es demasiado rápido”; “¡Vaya con el tío ese que no se calla!:  me ha hecho fallar”. Hasta, en el colmo del cinismo, somos capaces de echar la culpa al único que se esfuerza profesionalmente por la mejora de nuestro swing: el profesor: “es que me ha cambiado el grip”. O el backswing, o el finish, o cualquier otra cosa.

Todo, con tal  de no reconocer con sencillez que cada golpe de golf, como cada palabra escrita, como cada punto y coma de Le Carré, o cada mínimo detalle de nuestro propio trabajo “es una cuestión de vida o muerte”.

“¡Hombre es que no es para tanto!, que es un juego” me dice usted. Pues, entonces, sino es para tanto, no se queje, no tire al hierro al suelo, no diga tacos, ni ponga esa cara de peritonitis aguda cuando pega un golpe estrictamente funesto.

La mañana del sábado, viendo a Sergio García estaba claro que se ha tomado en serio el Omega Dubai Desert Classic. Más aún después de su fallo del hoyo 1. Con ese bogey nada más salir, la cara del castellonense era un modelo de concentración. Hizo el birdie en el siguiente hoyo, pero el resto de los primeros nueve fueron pares. Se le escaparon por muy poco putts cortos, de esos que, vistos por televisión, parecen puro trámite.

Cuando uno va primero en la tercera jornada nada es rutina, nada indiferente, nada digno de ser despreciado. Y esa misma tensión, no una torpeza, es la que origina imprecisión. Ahí la clave está en templar los nervios y bajar pulsaciones, cosa infinitamente más fácil de escribir que de ejecutar.

Sergio García lo consiguió, y en los últimos nueve hoyos hizo cinco birdies y un sólo bogey. Supo estar en los detalles, y eso que tuvo que madrugar para completar la segunda jornada que se había suspendido el día anterior a causa del viento. El viernes el viento del noroeste sopló tan fuerte que derribaba un árbol en la zona de Karama de la capital dubaití.

Ni el jugador español, ni sus acompañantes en el partido estelar –George Coetzee y el también español Nacho Elvira – querían tener que volver a madrugar para completar la tercera jornada, así que resistieron en el campo y terminaron el hoyo 18 con el sol oculto en el Desierto Arábigo.

Nacho Elvira más por intuición que por visión hizo eagle con un largo putt a ese par 5; Sergio García tiró su approach al mismo green con tal oscuridad que tuvo que esforzarse para ver donde había caído. Le hizo un birdie nocturno que suponía alejar a tres golpes a su inmediato perseguidor, Henrik Stenson.

Con el sueco estará el domingo en el partido estelar. La última vez que disputaron en situación similar fue en 2013, en el Thailand Golf Championship. Entonces el español mantuvo en esa última jornada los cuatro golpes que le separaban de Stenson y se llevó el triunfo.

El domingo, ya sin madrugar, será otro día de emoción y de tomarse en serio cada detalle, como sugería el editor norteamericano, y poner todo la atención: “quien quiere hacer algo encuentra un medio, quien no quiere hacer nada encuentra una excusa”, dice, a su vez, un proverbio árabe.

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