EL HALCÓN Y LA PRESA

Pablo Larrazábal, segundo en un Abu Dhabi que gana Tommy Fleetwood

Tommy Fleetwood se impuso en Abu Dhabi. (Foto: @EuropeanTour)
Tommy Fleetwood se impuso en Abu Dhabi. (Foto: @EuropeanTour)
Los diseñadores de trofeos afinan estilos. El del ganador del Abu Dhabi HSBC Champions es un precioso ejemplo. Se trata de la imagen de un halcón en el momento de apresar entre sus garras una pelota de golf.
El halcón de plata, alza al cielo del desierto sus alas más despeinadas que desplegadas. Son llamas, fuego que busca el fuego del sol. Sus extremidades inferiores se aferran a su tesoro como una metáfora del jugador y su éxito. Mientras, sobre su afilado pico curvo el penetrante rayo de su mirada, esa mirada que fijó la presa desde la cumbre del firmamento, expresa que ya nada será igual: la elusiva pieza ya no escapa; ya no elabora escaramuza inútil; ya la suerte está echada.

Ahora, en la hora del triunfo largamente soñado, extensamente vivido y épicamente logrado el halcón imita al profesional que ha ganado.

En este Abu Dhabi HSBC Championship el halcón ganador ha sido Tommy Fleetwood. No lucía cresta, sino gorra de Nike. Su cabello desplegado más que despeinado era fuego que deseaba quemar el desierto. Sus manos garras sólidamente adheridas al palo ejecutaban el swing como un vuelo de reconocimiento y un descenso de cetrería.

Pero lo más reconocible del espíritu predador lo tenían Tommy y  el halcón en la decisión reflejada en sus ojos. También el corazón, latidos de coraje, miedo y rabia, traducía sentimientos encontrados en los movimientos de  cabeza allí y allá: ni los halcones ni los vencedores pueden dejarse sorprender.

Un roedor suelto entre los arbustos enanos y los pastos dunarios puede escabullirse, hacerse invisible. Y eso no es lo peor; peor es avistarlos, hacérsete el pico agua, y ver como se lo lleva de un zarpazo otro halcón más veloz. El pez grande se come al chico; el halcón rápido se come el bocado del lento.

La caza del halcón imita al proceso del logro del golf. Hay actitudes de paciencia sostenida, de rutinas esforzadas mientras no ocurre nada. Pocas cosas más exigentes para un joven ambicioso que el paso quieto del tiempo: horas de entrenamiento, rutinas de gimnasia, disciplina de los entrenadores un día y otro, y otro y otro. Vuelos de horizontes perdidos e inabarcables.

Paciencia, más paciencia. Y luego un calendario de competiciones por medio mundo, de una ciudad a otra, de un campo a otro. Y meses sin un triunfo, con ganancias que no cubren gastos: en Abu Dhabi salieron el jueves 126 jugadores;  de ellos, 52 no pasaron el corte y se volvieron a casa el viernes con 0 euros, como el único amateur que participó.

Los 73 restantes si ganaron, pero sólo 49 lo hicieron por encima de los 10.000 euros. El que más, Tommy Fleetwood con 421.139 euros; el que menos Andy Sullivan 3.787 euros.

Luego, ya metido en faena, el asunto primero para el cazador de victorias es establecer el plan de juego, que saldrá o no saldrá, pero que si no se establece es seguro que no sale. El halcón buscará con la memoria del instinto los lugares de habituales de movimiento cerca de las madrigueras o en las sombras de las palmeras,  o en el frescor relativo del prosopis cineraria.

El jugador experimentado, conocedor del recorrido apuntará sus golpes a los lugares de bajo riesgo, o en caso necesario lanzará con coraje un certero golpe de madera 3 para alcanzar de sólo dos golpes el green del hoyo 18, bajo los cristales de la Casa Club que tiene la curiosa figura de un halcón en vuelo.

En esta edición de 2017 estaban jugando expertos profesionales que ya habían ganado en este recorrido: Rickie Fowler, Pablo Larrazábal y, sobre todo, el triple vencedor Martin Kaymer. El alemán puso todo de su parte para llevarse una vez más el trofeo del halcón, pero ni siquiera el eagle del último hoyo le permitió subir del cuarto puesto.

El español Pablo Larrazábal, en esta vuelta del domingo hizo ocho birdies, más que ninguno de los que tomaron la salida. Pero los acompañó lastimosamente de  cuatro bogeys que anularon parte de esos aciertos. Los birdies de los hoyos 17 y 18 le confirmaron en la segunda plaza, que compartió con Dustin Johnson; el americano, portentoso en los golpes largos, fue otro de los que hizo eagle en el último hoyo.

PabloDustin iban en el partido estelar, y Tommy Fleetwood vio ese hoyo 18 desde la Casa Club. Cuando Pablo Larrazábal no logró meter el chip para eagle en ese hoyo, las lágrimas de la tensión acumulada asomaron a los ojos del joven jugador inglés. Ya era ganador, pero no lloraría: los halcones no lloran.

No hay tiempo para llorar. Hay tiempo para volar: el jueves la caza comienza en Catar.

Comparte esta noticia

COMENTARIOS