LAZO ROJO POR UNA MUJER

Marc Leishman (-23) gana el BMW Championship y la solidaridad con una rara enfermedad

Marc Leishman se llevó el BMW Championship. (Foto: @iberiacupfgolf)
Marc Leishman se llevó el BMW Championship. (Foto: @iberiacupfgolf)
Domingo de emociones en el BMW Championship. En la zona alta de la tabla había dos retos: aspirar a la victoria y quedar por los puntos entre los cinco primeros de la clasificación de la FedEx Cup.
Y por los alrededores del puesto 30 de esa clasificación, porque ese guarismo marcaba la frontera entre pasar al último torneo de los Playoff o acabar fuera. Como estar entre los primeros 30 de la FedEx se determina por los puntos que se alcancen por la posición relativa en este BMW Championship de los  Playoff hubo durante la jornada un auténtico subibaja entre los que se encontraban cerca de ese puesto.

A ganar, ya sólo aspiraban el domingo Marc Leishman y Rickie Fowler. El primero de los dos llegó a estar -20 en la primera parte de la jornada y el segundo le buscaba a unos cuatro golpes de distancia.

Otra cosa era lo de estar entre los cinco primeros de la FedEx Cup. Si eres uno de ellos, dependes sólo de ti mismo para llevarte el trofeo de la regularidad: la copa de la FedEx y el cheque de 10 millones de dólares. Si ganas, ganas.

A eso jugó Jon Rahm, a estar entre los cinco mejores de la clasificación de la FedEx y poder vencer sin tener que hacer números con las tarjetas de los otros. Lo consiguió: es 5º en la FedEx y desde el jueves le espera el destino en Atlanta.

Pero el mayor aporte de emoción lo dio el pasar o no pasar la eliminatoria; el estar  o no entre los 30 mejores de la clasificación general. Y eso iba evolucionando según caían los birdies de unos o los bogeys de otros. Una danza maldita. “Danzad, malditos, danzad”.

Los americanos son los reyes del espectáculo; se mueve mucho dinero que pagan los que ven golf. Y hay que retenerlos ante la televisión o en el campo. Los públicos huyen del aburrimiento como los gatos del agua fría. Por esos los organizadores del golf profesional cambiaron hace unos años las reglas de la FedEx Cup.

A la regularidad oficial, le introdujeron un nuevo sistema de puntos que, en síntesis, obliga a todos a luchar hasta el final, a hasta los últimos partidos del calendario para no morir, deportivamente hablando.

“Danzad, malditos, danzad”, era el título en España del melodrama dirigido en 1969 por Sydney Pollack, en el que los concursante bailaban hasta ser eliminados o hasta dejarse los pies en el intento y ganar.

Pues bailar, bailar y hacerlo sobre la cuerda floja del puesto 30º lo hicieron Sergio García que entró esta semana en el puesto 34º y luego se ha salvado en el puesto 25º; Jason Dufner que lo hacía en el 25º y fue el que cerró en el puesto 30º; Jason Day que del 28º subió al 15º.

Espectacular fue el ascenso de Tony Finau que del 39º se proyectó hasta el 24º. En sentido inverso, Louis Oosthuizen que pasó del 24º al 31º.

Y de este baile, de la penúltima pista de la FedEx Cup, llamada Conway Farms, se despidió Rafa Cabrera Bello. Una despedida honrosa pues es su primer año en el Circuito de la PGA americana y ha resistido hasta casi la última puerta. Le han acompañado y no estarán, por tanto, en la gran final otros distinguidos profesionales, algunos de ellos vencedores de la FedEx Cup en ediciones anteriores: Bill Haas (2011); Henrik Stenson (2013); Billy Horschel (2014) y Rory McIlroy (2016). Pero también estarán ausentes líderes carismáticos como Zach Johnson y Phil Mickelson.

No lo dijo ningún comentarista. No son tan crueles, pero viendo a alguno de ellos jugar podían haber expresado la frase que Rocky (Gig Young) le suelta a Gloria (Jane Fonda) en “Danzad, malditos, danzad”: “may not know a winner when I see one, but I sure as hell can spot a loser” (puede que no reconozca un ganador al verlo, pero desde luego me doy cuenta del que va a perder). “Hijo de perra”, le replicó Gloria; “puede ser”, consintió el cínico Rocky.

Bueno, pues, este domingo se podía intuir alguno de los perdedores, pero el ganador lo sería indudablemente quien había liderado la tabla del primero al último día: Marc Leishman.

El australiano presentó cuatro tarjetas de gran nivel: 62-64-68-67 (-23). Él mismo se presentó con su ancha cara barbada de piloto de navío explorador de la Antártida: mirada fija, sereno el gesto, determinada la voluntad y, rematando la gorra sobre su metro noventa de estatura, un lazo rojo.

El lazo rojo lo llevaba él y había conseguido que otros jugadores también lo lucieran. Pretendía llamar la atención de la concurrencia sobre las enfermedades raras como la sufrida por su esposa hace dos años.

A Audrey Hills le quedaba un 5% de posibilidades de vivir. Así se lo comunicaron a Marc Leishman en la primavera de 2015. Su esposa había sido diagnosticada de síndrome de shock tóxico, originado en una complicación rara y potencialmente mortal de una infección bacteriana. Mientras la mujer estaba en coma el pasó cerca de 96 horas sin apenas comer. Junto a ella sólo se ocupó de decirle lo mucho que la amaba.

Pero él sabe que hay otras Audreys en el mundo que necesitan de los demás. Él ha luchado por ganar este BMW Championship y por dar un señal al mundo.

Y, verdaderamente el mundo está necesitado de buenas señales. También de buenos tipos que las emitan.
 
 

Comparte esta noticia

COMENTARIOS