LAS CUENTAS DEL DESTINO

Se juega el Honda Classic donde Sergio García quedó segundo en 2016

Del 20 al 26 de febrero se celebra el Honda Classic en Palm Beach. (Foto: @TheHondaClassic)
Del 20 al 26 de febrero se celebra el Honda Classic en Palm Beach. (Foto: @TheHondaClassic)
En Palm Beach no está Tiger Wood, pero juegan los mejores del momento en un torneo de gran prestigio  a pocas semanas del primer major. Será difícil y cansado el camino a la gloria.
Me llama un amigo y socio del Club para jugar mañana.
.- Imposible, amigo: estoy reventado – le digo.
.- ¡Claro!: habrás tenido esa terrible gimnasia especial para golf – sugiere el amigo.
.- Peor…
.- ¿Un Matchplay tenso e inacabable…?- tantea.
.- Mucho más agotador – le replico.
.- Pues como no sea que te hayas apuntado al Maratón de Sevilla.
.- Frío, frío: he tenido jornada continua de compras con mi tía, Alicia.
.- ¡Oooh! – musita sarcástico este buen samaritano -. ¿Joyas?, ¿perfumería y cosmética? ¿Peletería?
.- Para nada: hoy ha sido monocultivo de telas – le concreto.
.- ¡ Vaya tela! Un marrón, ¿no?

Marrón, verde, azul cobalto, mandarina, blanco roto: telas de todos los colores, texturas y tramas. Tengo la pupila estragada, dilatada y viendo colorines.

El día había amanecido ya con tintes de malos presagios. La humedad del aire invadía cualquier resquicio. El cielo nuboso y con polvo del desierto del Sahara en suspensión, la calima, desdibujaba en acentos anaranjados la luz y los entusiasmos.

Era lo que en Sevilla se conoce como “la lluvia de sangre”.
Sonó el teléfono cuando iba atacar el segundo huevo frito de mi frugal desayuno. Y era ella: la terrible tía.
.- Sobrino, como con este día no serás tan insensato de jugar al golf te he preparado un plan alternativo.
(Nota del autor: el autor es bastante liberal y no le importa alternar planes, mientras no sean los suyos propios. El autor tiene su vida organizada ordenadamente entre administrar sus bienes, evitar que cortejen a su prima Margarita y jugarse la cerveza al golf con sus amigos socios del Club. No echa de menos ningún “plan alternativo”).

Cuando mi familiares y otros allegados se ponen ocurrentes proyectando planes alternativos para mi bien no puedo evitar acordarme de Oscar Wilde y su frase en El retrato de Dorian Gray: “los filántropos no tienen noción alguna de humanidad”.

En este caso pensé que podía matar dos pájaros de un tiro plegándome a los planes de mi tía Alicia. Primer pájaro: sumar puntos de cara al futuro. Segundo pájaro: sacarle una “subvención” de dos mil euros que el delegado para Andalucía de Séniors Sin Fronteras me había pedido; mejor que la aportación saliera de las muy saneadas cuentas corrientes de tía Alicia y no de mis ahorros.

Encantado de estar contigo, querida tía: vamos donde me digas – respondí a mi pariente. Y ahí empezó una mañana para olvidar.

El lugar elegido para las compras es una vetusta casa grande del Centro de la  ciudad reconvertida en comercio. Es un edificio de tres plantas cuadradas porticadas que miran hacia un patio central cubierto. Pues las tres plantas y el patio central están repletas de enormes soportes que acumulan unas tres mil toneladas de telas de todo tipo como dije más arriba.

A la vista de tan enorme cantidad y diversidad de tejidos, la grisácea piel de mi tía Alicia adquirió unos preciosos tonos rosa brillante, y su normalmente apagada mirada se tornó intensa como la de un enamorado a vista de su Julieta.

Una por una, todas las estanterías desde la tercera a la planta baja. Una por una, todas las telas de cada soporte, percha o montón fueron objetos de atención de mi incansable tía.

.- A ver sobrino, coge este rollo de gasa color ceniza y este otro de popelín color amianto que están estupendos de precio.
Después de tres horas y media de acarreo y estiba llegamos al mostrador donde un dependiente tan amable como insuficientemente advertido se dirigió a mi tía Alicia en un lenguaje alegre, y - ¿cómo les diría? - desinhibido:
.- Ideal, ideal, ideal de la muerte: esta seda salvaje azul pavo que has elegido te convertirá en princesa, cariño.

Mi tía casi sin inmutarse le miró con la ceja derecha elevada y le soltó.
.- Caballero, ni soy su cariño ni su tuteo es de recibo en nuestra posición relativa. Si no le importa esperaré a que llame usted al encargado.
El dependiente con un mosqueo regular se fue contoneándose y diciendo al pasar a mi lado:
.- Ojú, qué día: la lluvia de sangre en el cielo y aquí en la tierra la bruja marquesa.

Con los tobillos como botas de estar en pie acarreé el alijo de telas seleccionado por mi tía Alicia hasta el coche.

Ya de noche, cansado, me puse a ver el Honda Classic por televisión. Rafa Cabrera Bello y Sergio García no empezaron bien en Palm Beach (Florida). Pero un torneo de golf es largo. No tiene tres plantas, pero es una gran extensión del campo y son cuatro días. De todos modos debe ser agotador para estos jugadores. Nunca lo ha ganado un español; el que ha estado más cerca ha sido Sergio García el año pasado que quedó a un golpe del ganador, el australiano Adam Scott.

Vamos a ver que pasa este año. En el mismo libro de Oscar Wilde escribe que “el destino nunca deja de zanjar sus cuentas”.

A ver si para el español las zanja como para mí: la tía Alicia me acaba de decir por Whatsapp: “cuenta con los dos mil para esa cosa de no se qué sin fronteras”.
 

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