SEMPER VIGILANS

Jon Rahm (-13) gana el Farmers Insurance con un final espectacular

Im a @PGATOUR Winner!!, tuiteó Jon. (Foto: @littleJRmaza)
Im a @PGATOUR Winner!!, tuiteó Jon. (Foto: @littleJRmaza)
No estaba entre los favoritos en Torrey Pines; Jon Rahm (Barrica, Vizcaya, 1994), jugaba su quinto torneo en su primera  temporada completa y nada hacía pensar en la apoteosis de un final increíble.
El vasco emocionó a todos con su último putt: 60 pies (18,288 metros); cuesta abajo; un better than most; la bola fue cayendo, pareció detener su carrera para quedarse pegada en un instante eterno al borde del hoyo, luego suave, ceremoniosamente se asomó y con un vértigo en nuestras miradas se hundió en el fondo. ¡Un eagle descomunal para-13!

Un resultado de -13 en el acumulado al término de la última ronda tenía toda la pinta de ser definitivo. Jon Rahm lo sabía o lo intuía. La locución española, pero también la de la CBS, lo preanunciaba, aunque había que esperar pues había jugadores con opciones en el campo.

¿Cómo fue esa victoria? La tarjeta es fácil de explicar: un bogey en el hoyo 1 y a trabajar. Jon Rahm hizo a partir de ahí unos primeros nueve hoyos muy buenos, pues con dos birdies (hoyos) no sólo compensaba el bogey sino que se ponía con -1 antes de encarar el hoyo 10.

Para la segunda parte reservó lo mejor de su cosecha: un birdie en el hoyo 11, un eagle con un putt difícil cuesta abajo en el hoyo 13. Con ese eagle empataba en cabeza. Luego venían dos de los hoyos más duros del campo – 14 y 15 - que tramitó con sendos pares. Una vez superada esa prueba hizo birdie en el hoyo 17 y se quedaba líder en solitario.

Desde el sofá del salón, los aficionados nos conformábamos con que hiciera un birdie en hoyo 18 y dejar un -12 en Casa Club que obligase a afinar a los favoritos que venían por detrás. No era tan complicado: con la pegada del español bastaba entrar de tres golpes en este par 5 protegido por agua frontal, hacer un approach fácil y embocar la bola.

Pero Jon Rahm con su caddie tenían otra estrategia: primero, antes que nada asegurar calle, lo más largo posible, pero la bola en el fairway; evitó el golpe con draw (efecto de derecha a izquierda), y planteó y ejecutó un golpe más directo, aunque por debajo de las 300 yardas: exactamente 295 y en la parte derecha de la calle.

Le quedaban 239 yardas a la bandera. Cogió la madera 5 y, sobrevolando el lago, la dejo en la parte final del green, en el collarín que lo rodea. Primer objetivo conseguido: darse una oportunidad. No tuvo igual suerte su compañero de partido J.J. Spaun cuya bola botó en el comienzo del green, pero con el back spin (efecto de retroceso) rodó al agua.

El putt definitivo de la victoria ya lo he contado al principio, pero no he contado lo que sintió Jon Rahm. Y no lo he contado porque no lo sé. El mismo jugador entrevistado al terminar reconocía él mismo que no sabía lo que había sentido.
Hay veces, y ésta es una de ellas, que ante una alegría de dimensiones inmensas e inesperadas el propio ser queda como absorbido por la felicidad más plena jamás experimentada.
Y la felicidad no se cuenta - es entitativamente incontable – porque no es para contarla, es para vivirla. Desde el poro más pequeño hasta el último alveolo henchido de oxígeno todo el ser se convierte en algo bellamente inexplicable.
¿No se han fijado en el hermoso balbuceo del enamorado tras el flechazo? No sabe decir, no encuentra palabras para expresar porque todo en él es ahora expresión, sentido y belleza. Sólo los poetas ponen palabras a lo que desborda el concepto.

Pero Jon será cualquier cosa menos poeta. Y entre las muchas cosas que sí encontramos su ser buen hijo - ¡qué pronto se ha acordado de su amachu, que se ha quedado en España, y que le estaría viendo por televisión. Y también es un gran comunicador que describe en un inglés admirable su juego, sus oportunidades y cuando vio – hoyo 13 – que el triunfo estaba al alcance.

Esa sencillez, combinada con una noble ambición deportiva va a darle muchos triunfos como el que éste domingo celebraba junto a su padre y su chica en San Diego.

El nombre de la ciudad, como saben, viene de que allí tuvo asentamiento la primera y mayor misión de California: La Misión de San Diego de Alcalá, fundada por el célebre Fray Junípero de la Serra. Ahora, convertida ya en la octava ciudad más grande de los Estados Unidos, se cobija bajo el lema “Semper Vigilans”, sugerentes palabras para alguien que como Jon Rahm, tiene que ir haciendo su camino por la vida.

Aúpa, campeón.
 

Comparte esta noticia

COMENTARIOS