SONRISAS Y LÁGRIMAS

Hinako Shibuno gana el Open femenino y J.T. Poston en Wyndham

Hinako Shibuno, campeona del IAG Womens British Open. ( Foto: @AIGWBO)
Hinako Shibuno, campeona del IAG Womens British Open. ( Foto: @AIGWBO)
Hay días de contrastes: sol y lluvia; victoria y derrota; seguir o quedar eliminado. Mientras en el Women´s British Open ganaba una mujer tranquila, en el PGA Tour se bebía la tragedia por entrar, o no, en los Playoffs.
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Estaba terminando la tarde  - una hora menos en Woburn, Marquess Course, en Bedfordshire – cuando un chiquilla tiraba un putt de cinco metros con tal fuerza que si no entra en el hoyo la saca del Reino Unido. Pero la bola pega en la parte central del hoyo, da un saltito con cara de humilde queja por el golpe recibido, y se sumerge en el fondo de la cazoleta.

Era el hoyo 18, era la ronda final y era un birdie con el que Hinako Shibuno, japonesa de tan sólo 20 años, hacía un total de -18 y se adjudicaba el IAG Women’s British Open 2019. Si hubiese hecho par en ese hoyo tendría que haber jugado el desempate con Lizette Salas que pocos minutos antes había quedado con -17 al fallar un putt de menos de tres metros respecto del de la japonesa.

Nada más entrar la bola en el hoyo, Hinako alzó los brazos entre los sorprendidos aplausos de las gradas. El júbilo era colosal y la propia jugadora exultante de inocente alegría lo demostraba. Luego en un gesto de educado japonés se tapaba la boca con la mano por el pudor de no demostrar en público tanto alborozo. Pero, qué quieren, hasta los más estrictos observantes del protocolo nipón, pueden permitirse una sonrisa amplia cuando al ganar British. ¿No creen?

En el caso de Hinako Shibuno era la primera vez, porque también era ésta la primera ocasión en que jugaba en Europa. O sea, llegar y besar el santo. Tengo la seguridad de que en este blog volveré a escribir sobre ella. Y la alegría española venía por el séptima plaza obtenida por la aguerrida Carlota Ciganda.

Dejamos ahí el homenaje a las damas y nos volvemos, con permiso del Duque de Bedford, a Carolina del Norte donde en Greensboro transcurría la ronda final del Wyndham Championship.

Escribíamos ayer sobre el puesto del “chico burbuja”, el que ocupa el puesto 125 de la clasificación general de la FedEx Cup (trofeo de la regularidad), el filo de la navaja; o de la burbuja, en general, refugio de los que están dentro de ese puesto 125; lo rondaban jugadores como Patton Kizzire, Richy Werenski, Pat Perez, el colombiano Sebastián Muñoz, el sueco Alex Noren, y Shawn Stafani.

Variaban las posiciones al ritmo de los resultados. Aunque algunos que no pasaron el corte no podrán mejorar y no jugarán los playoffs: Martin Kaymer, por ejemplo.

Lejos de estos arriesgados lugares, se movían por la cabeza Byeong Hun An, J.T. Poston y Web Simpson. Y también un chico sin puntos FedEx, el noruego Viktor Hovland que, de ganar acreditaría todos los puntos con fuerza retroactiva. ¡Y cómo estaba jugando!

Sin embargo, no pudo ser; Un y Poston se pusieron en modo “no-me-alcanzas” y se dedicaron a ver quien de los dos se llevaba el gato al agua que, en términos de FedEx Cup, es algo así como el título de aquella película de Woody Allen, Coge el dinero y corre, es decir toma los puntos corre para triunfar en los Playoffs.

En esas estaban y ya habían alcanzado los -20 y, lo que tiene su importancia, habían puesto tres golpes de diferencia con los siguientes. Muy imposible que les alcanzaran, salvo cataclismo de ellos mismos. Un amago de catástrofe estuvo a punto de suponer el hoyo 15 de Byeong Hun An cuando su primer golpe se fue al rough alto y perdió. Se puso a dos golpes del ahora el líder J.T. Poston.

Pero el tono del resto de partidos era un poco demasiado poco alegre para un juego de caballeros pero, claro, es que varios no jugarían los Playoffs y otro buen grupo tendría que ir al Korn Ferry Tour (segunda división que desde junio ha sustituido a Web.com como patrocinador),  y luchar ahí por un puesto.

Esto es muy trágico. Es como para volverse a Bedfordshire y alegrarse hasta la lágrima de gozo con el triunfo genial de una chica japonesa de veinte años, Hinako Shibuno que jugaba por primera vez en Europa.

Más que la formal y fría despedida “sayonara”, digamos “otsukaresamadesu”, propio de la separación amistosa al terminar un match.
 

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