GENERACIONES DE GOLF

Brillantes resultados de jóvenes y mayores en los grandes circuitos

A Adrián Otaegui viene rondándole la victoria. (Foto: @adriotaegui)
A Adrián Otaegui viene rondándole la victoria. (Foto: @adriotaegui)
Mientras en el Shriners Hospitals for Children Open el veterano Rod Pampling hizo 60 golpes el jueves para liderar la clasificación, el español Jon Rahm se colocó 5º provisional con 65 golpes.
Es prodigioso el abanico de edad que abarca este deporte del golf. Rod Pampling, nacido en Redcliffe ha cumplido 47 años. Jon Rahm, vasco de Barrica, lleva sólo unos meses en el PGA Tour; nació hace 22 años, los mismos que lleva de profesional el australiano: ambos en el mismo torneo.
Sí, es prodigiosa esa horquilla de 25 años de diferencia de edad entre estos dos jugadores que se pusieron en lo alto de la pizarra en Las Vegas (Arizona): no pasa esto ni otros deportes, ni en muchas actividades de la vida.

El golf, bien como deporte profesional, bien como ejercicio de supervivencia permite que gente de edad juegue y hasta haga buenos resultados relativos. A ello concurre, es cierto, el hándicap (número de golpes de más adjudicados a un jugador para igualar la contienda), así como las barras de salida (distancias) acomodadas a la condición del jugador: amateur o profesional, caballero o dama y, en los últimos años séniors.

Todos podemos competir con todos y en algún caso hasta ganar. Ya lo hemos explicado más veces: este sistema aplicado al atletismo nos daría la nada despreciable gloria deportiva de ganar a Usain Bolt y batir su récord de 100 metros lisos, a condición de que se nos aplique un hándicap de 80 (metros).

Hoy que anunciaban lluvia para la tarde he adelantado mi hora de salida y casi de noche, antes de que saliera el Abominable Hombre de las Nueve, me uní al primer partido.
Mis tres compañeros ocasionales han resultado ser unos provectos mayores cuya media de edad supera con creces la del Gobierno de la Nación. ¿Y creen que eso les ha intimidado? Nada. Le pegaban a la bola fuerte, derecho y con el entusiasmo de un chaval.

Uno de ellos, 77 años, me confesaba que en su vida había jugado al fútbol, al tenis (lo que se notaba en su habilidad en el golpeo), al paddle y, desde hacía 10 años se había entusiasmado con el golf.

.- ¿Sabes cuántos días juego? – me preguntó retóricamente -. Pues todos los que puedo, pues como les digo a estos – añadió sonriente señalando a sus otros dos colegas -, día que no juego, día que ya no recupero.

Era digna de ver la alegría que rezumaban. “¡Si estar aquí, ya es para dar gracias a Dios!”, confirmaba uno de ellos, mientras dejaba que el último sol del otoño colándose por una rendija de los pinos del hoyo 12, le templara la piel.

Celebrando el día de san Carlos (felicidades a mis Carlos y Carlas), también se colaban entre las risas y frases de estos amigos aquella frase del santo hijo del conde de Borromeo “E chi mai può smentire a se stesso l'esistenza del sole, cui vede?

Esa existencia, ese estar aquí y ahora, traducía en verdad austera la frase, alegre de primavera y manzanilla, que decía aquel lepero a su compañero de pregrinación rociera: “Compare: que pa’ vivi ansí, no merece la pena morirse”.
Completamos el recorrido. Yo hice un montón de golpes, pero no le di importancia; o le di la que tenía: ninguna al lado de estos séniors y su buen humor.

Y ya en casa me asomé a otro torneo internacional. En este caso el Turkish Airlines Open que se juega en Regnum Carya Golf & Spa, en Antalya (Turquía). La alegría fue ver que tras dos jornadas de juego otro español, Adrián Oteagui iba segundo, seis golpes detrás de un poderoso Thorbjørn Olsen que había hecho sólo 62 golpes en la segunda jornada.

A Adrián Otaegui viene rondándole la victoria y a lo mejor cae este domingo. En el  Top 10 otros dos españoles: Jorge  Campillo, octavo, y Pablo Larrazábal, décimo. Son posiciones de prestigio y de oportunidad en el penúltimo encuentro de la series finales de la Carrera a Dubái. Estar arriba es un puesto de privilegio en la cola del último encuentro, el DP World Tour Championship.

Jóvenes y mayores, amateurs y profesionales, damas y caballeros, da igual, pues se demuestra que cada quien sabe sufrir y gozar en este golf incierto y sugestivo. Todo porque en este ejercicio recogemos mucha juventud que renovar y sólo nos queda retornar y retornar, hasta el último hoyo, hasta el último partido, hasta la partida definitiva.

Antes y durante habrá personas y situaciones menos amables pero en esta horquilla vital nos queda la seguridad que el santo del día, Carlos Borromeo, reflejaba en su frase: “Al primo viaggio che fa trova monti e luoghi disastrosi, ma non per questo rimane di proseguirlo”.

Que proseguir es un modo de permanente de prepararse para servir un tiempo precioso y tasado.

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