SOBREPONERSE AL DOLOR

El Alfred Dunhill Championship lo ganó Pablo Larrazábal por coraje

Descalzo, herido pero feliz. Pablo Larrazábal celebra su victoria. (Foto: @dunhilllinks)
Descalzo, herido pero feliz. Pablo Larrazábal celebra su victoria. (Foto: @dunhilllinks)
La semana pasada terminó la temporada 2019 del Circuito Europeo, y ésta comenzó la de 2020 en Malelane, Sudáfrica. Un momento bueno para probarse muchos jugadores, entre ellos seis españoles.
Pablo Larrazábal no iba a salir al campo en la ronda final del Alfred Dunhill Championship. La víspera al terminar el último hoyo era líder con -11. Su seguidor más cercano, Wil Besseling, estaba a tres golpes. Los más importantes, los en principio más peligrosos y jugadores locales – Branden Grace  y Zander Lombard – estaban cinco y seis golpes detrás. Nada era amenazante. Pablo Larrazábal dependía de sí mismo.

Pero esa mañana no tenía nada de halagüeña. Los pies llenos de ampollas le hablaban el lenguaje del dolor que, transmitido por el sistema nervioso, tenía sonidos de alarma en su ánimo. Para el dolor no hay aplazamientos, ni oportunidades únicas. Al dolor no le importa despedazar la ocasión grandemente esperada. Y era ésta, la de ganar, un esperanza que había retrasado su llegada demasiado tiempo: tanto como 4 años, 5 meses y 3 días.

Ahora, en la habitación, dispuesto a vestirse para jugar, cuando sólo había que jugar un cuarto día, sólo 18 hoyos, más los pies decían que no; su ánimo le decía que no; el dolor le decía que no.

Pero su coraje dijo que sí y a la hora de la cita estaba en el hoyo 1 del Leopard Country Club. Magnífico recorrido, por cierto, a orillas del  Crocodrile River, frontera sureste del Parque Nacional Kruger. Las cámaras de televisión nos facilitaban imágenes de animales de esa belleza natural: elefantes, aves y, por supuesto, cocodrilos.

Pero la mayor voracidad, en este caso no de carne sino de victoria, se daba en los jugadores de los principales partidos, los de cabeza. Sin embargo a ninguno de ellos se le hacía fácil el camino. En los primeros nueve hoyos, calibrados como par 35, los bogeys se acumulaban. Y aun resultados peores.

Y como ninguno de mal Pablo Larrazábal: totalizó en ese segmento del recorrido un birdie, dos pares, cinco bogeys y un doble bogey. Con los pies hechos herida, el drive desde el tee no conseguía mantener la bola en la calle; cogía enseguida una trayectoria de gancho (hook) a la izquierda que le ponía las cosas casi imposibles. Pero con coraje y técnica volvía a calle y a green para perseguir lo que se mostraba inalcanzable.

Cada drive era un gesto de dolor fuerte en su pierna derecha; le obligaba a un swing difícil sin apenas apoyo diestro. Cómo sería el dolor que en el hoyo 9 anduvo sin zapatos gran parte del camino hasta el green.

La victoria se esfumaba hoyo a hoyo. El lenguaje corporal del barcelonés daba pena: se le veía muy afectado físicamente, pero también con una estocada en su moral. Era la imagen de la derrota. De la más hiriente derrota, la de quien ya se veía en la meta y observa que le van pasando otros jugadores.

En Casa Club era líder Charl Schwartzel con -6; pero le duró poco, pues enseguida llegaba el sueco Joel Sjöholm que puso el -7.

Pablo Larrazábal, que había comenzado los segundos nueve más equilibrado -sólo un bogey por otro birdie-, volvió a enchufarse con otro birdie en el hoyo 15. Pero toda su furia se desató cuando hizo un nuevo birdie en el hoyo 16, un difícil par 3. Y es que lo metió desde larga distancia. Esa bola tan bien dirigida llevaba un premio especial: acababa de recuperar el liderato que compartía con el sueco de Casa Club y con Wil Besseling, su compañero de partido.

Si no cambiaban las cosas, al menos jugaría el desempate. En el hoyo 17, penúltimo de la serie, no ocurrió nada.
Llegaba la hora de la verdad, llegaba el final.  El hoyo 18 de Leopard CC es un par 5 asequible de dos golpes su coges calle ¿Se le pasarían por la cabeza las imágenes del horror de los drives anteriores? Y el dolor de los pies continuaba fuerte no hay que olvidarlo.

Pablo salió primero y el drive fue bueno, por la derecha; pero al coger rough se frenó, perdió distancia y posibilidades de alcanzar de modo fiable el green con su segundo golpe. Su compañero competidor tampoco estaba en calle, pero reposaba limpia más lejos y con una mejor hierba debajo.

El español renunció a alcanzar green de dos golpes; hizo un golpe de aproximación para dejarse una oportunidad con un tercer golpe. Besseling tiró de dos: un gran golpe que parecía ir a bandera, pero la bola se pasó camino del agua de detrás. No llegó a mojarse, pero quedó encastrada entre las piedras del muro de lago. Era aquel lugar un nido donde ningún palo de la bolsa podía meter su cara con nitidez. De ese lío salió el holandés como pudo, es decir, muy mal: cometió doble bogey echando sus aspiraciones hasta la 3ª plaza empatado.

Ahora era el turno de Pablo. Dependía de sí mismo: si hacía birdie ganaba. Era el momento de no fallar, de olvidar el dolor. Hizo un extraordinario approach que dejó la bola a un metro.

Eso, sólo un metro separaba a Pablo Larrazábal de conquistar el primer torneo del Circuito Europeo 2020. El putt entró y descansó el corazón del jugador que no quería esa mañana salir a jugar.

Bravo.
 

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