23 DE JULIO PARA LA HISTORIA

Victoria de Jordan Spieth y apoteosis en la ronda final del Open de los récords

Jordan Spieth besa su primera Jarra de Clarete. (Foto: @TheOpen)
Jordan Spieth besa su primera Jarra de Clarete. (Foto: @TheOpen)
Un final trepidante en el Royal Birkdale da la victoria al texano por delante de Matt Kuchar (-9), tan caballero como siempre. Rafa Cabrera Bello (-5), cuarto a lo grande.
Ocurrió una vez, el 23 de julio de 1962, y de eso hace 55, que se realizó la primera transmisión televisiva de Europa a América por vía satélite. Fue posible en el marco de un gran proyecto para el que se construyó el Telstar 1. Él satélite de comunicaciones tenía un diámetro como el de una bola de golf multiplicada por 21 y el peso de 1.676 bolas de golf.

Sólo podía transmitir dos horas y media, el tiempo en que permanecía sobre el Atlántico. Ese primer satélite, por tanto, no daba para emitir el Open Championship, y se conformaron con una rueda de prensa del presidente John F. Kennedy.

Sin embargo, si hoy cientos de millones de telespectadores hemos podido disfrutar en directo de uno de los mejores finales de un British Open se lo debemos en buena parte a Telstar 1 y a los que le siguieron.

Ocurrió una vez, el 23 de julio 1995, que dos astrónomos Alan Hale y Thomas Blopp descubrieron un cometa que desde entonces lleva su nombre. El cometa permaneció visible sin ayuda de instrumentos durante 569 días, cerca de 18 meses y medio, que fue un récord.

La aparición en 1997 bien visible a ojos humanos del cometa y su enorme doble cola llevó a la secta Heaven’s Gate a considerarlo como una señal para llevar a cabo su suicidio colectivo. Alegaron que dejaban sus cuerpos terrenales para viajar en la nave espacial que seguía al cometa.

Evidentemente no había ninguna nave espacial. Lo que invita a mirar con cautela el mundo del deporte y sus cometas que causan admiración, pero que no siempre llevan la consistencia para durar y hacerlos admirables. A lo mejor tampoco para suicidarnos por ellos.

Ocurrió una vez, el 23 de julio de 2017, ayer mismo, que Jordan Spieth ganó el 146º Open Championship en Royal Birkdale y con ello:

1.- Se convierte a sus 22 años, 11 meses y 26 días en el jugador más joven en ganar tres majors.

2.- Se une a Jack Nicklaus como únicos jugadores en ganar tres torneos de Gran Slam antes de cumplir los 24 años. En eso mejora a Tiger Woods que cuando lo logró había cumplido 24 años, y a Rory McIlroy que lo hizo con 25 cumplidos.

3.- Ha sido líder o colíder en 14 rondas de major desde que empezó en 2015; su rival más cercano sólo lleva siete.

4.- Es el primer ganador de un Open Championship jugado en Royal Birkdale con las cuatro vueltas por debajo de 70 golpes; su tarjeta fue 65-69-65-69. En otros campos lo hicieron muy pocos.

5.- Es el quinto jugador de un major que ocupa el liderato las cuatro vueltas de un Open. Antes que él lo hicieron Harry Vardon (1899, 1903), J.H. Taylor (1900), Lee Trevino (1971) y Gary Player (1974).

6.- Es el primer jugador en jugar el tercer golpe del hoyo 13 desde el campo de prácticas de Royal Birkdale. Después de un drop, por declaración de bola injugable, se trasladó hacia atrás en línea con bandera hasta un lugar de camiones de patrocinadores de golf. De ahí, con un ruling de unos 20 minutos, se alivió en el campo de prácticas para lograr luego un bogey. Y empezó una remontada histórica.

7.- Deja para el recuerdo y para la historia un final de Open increíble, trepidante y de convulsión. Iba perdiendo de dos golpes con Matt Kuchar en la salida del  hoyo 14. Pues, a partir de ahí, Jordan Spieth encadenó los siguientes resultados: birdie-eagle-birdie-birdie. La diferencia terminó siendo de tres golpes a su favor.

8.- Se alza con el mejor resultado de un ganador en los cinco últimos hoyos de un Open, con 5 bajo. El récord era del año pasado, 4 bajo, y lo detentaba Henrik Stenson.

En su discurso al recoger la Claret Jug, premio del vencedor, desveló parte de lo que ocurrió para que el torneo tuviese ese epílogo emocionante y decisivo a su favor: dio la gracias a Michael Greller, su caddie que lo sacó del atolladero en que se encontraba en el partido, un pozo negro que olía a derrota.

He dicho que desveló una parte de esa colosal reacción, porque para comprenderla entera habría que acudir a su mente de deportista ganador. No basta escuchar buenos consejos. Hay que tener la disposición anímica para recibirlos, la humildad humana para aceptarlos y la capacidad de resiliencia – una particularidad de la virtud de la fortaleza – para volver al punto original en que uno tiene rehechas todas las potencialidades como estaba en origen.

Sí, es cierto que ayer escribí de él que es un hombre que sabe entender ese himno, You’ll never walk alone: tiene a Michael su caddie, y a su familia, y a su equipo, y a los 235.000 espectadores – nuevo record de un Open en Inglaterra – que casi lo llevaban en brazos. Pero eso, sólo casi.

Porque del hoyo 14 al 18 la mirada de Jordan Spieth reflejaba una hechura interior de gran decisión, ausencia de temores y determinación. Se unieron todos esos planetas interiores con la gran técnica para agrandar la leyenda.

Era un 23 de julio y un satélite de comunicaciones, un cometa y una estrella del deporte pueden abrazar esa fecha como un momento histórico. Lo es para los hombres y mujeres que han aportado algo a esos acontecimientos.

Y lo es para la Humanidad, porque quizás nos haga comprender que somos grandes cuando nos sabemos enanos a hombros de un gigante llamado Historia.

Fue un 23 de julio.

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